27 julio, 2015

Posted on lunes, julio 27, 2015 by Miguel Victoriano G.

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22 julio, 2015

Posted on miércoles, julio 22, 2015 by Miguel Victoriano G.

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24 junio, 2015

De Burgos Núñez, Miguel. “Sacerdocio radicalmente nuevo. Cristo y su sacerdocio “profético” y misericordioso en la carta a los hebreos”, Isidorianum 31 (2007) 9-38. 

La originalidad del sacerdocio. Esta sección comienza catalogando de “espinoso” el uso del el autor de la epístola realiza del tema del sacerdocio de Cristo, resaltando la singularidad del mismo en relación con las funciones sacerdotales conocidas y el hecho mismo de la duplicidad funcional de Cristo como sacerdote y Sumo Sacerdote a la vez.
Un sacerdocio solidario y misericordioso. La misericordia de Cristo y su superioridad sacerdotal queda de manifiesto en su encarnación al compartir la forma de sus hermanos, aun cuando no se mencione expresamente se encuentra implícita la idea de que su encarnación como requisito indispensable para el desempeño de su sacerdocio. Esa aparente humillación de Cristo al despojarse a si mismo para asumir la forma de siervo haciéndose igual a sus hermanos es la que le permite ser compasivo y misericordioso al momento de espiar los pecados de sus hermanos con quienes les une un vinculo común, pues es uno de ellos y conoce sus pecados. Hasta aquí podríamos estar de acuerdo con las ideas presentadas pero a continuación el autor pretende encontrar en lo que el llama “la refundación teológica y espiritual del sacerdocio de la antigua alianza” (p. 21) una justificación para el sacerdocio católico, tanto en institución como en funcionalidad. Si bien esta idea no se manifiesta abiertamente se propone la cristología sacerdotal de hebreos como un ejemplo de un nuevo sacerdocio que no puede explicarse de la manera sacerdotal tradicional y que demuestra que si puede existir un sacerdocio “mas humano, mas kenótico y mas esencialmente simple” (p. 22), dejando de esta manera un supuesto respaldo en la epístola para la actual función sacerdotal que se desempeña en el oficio católico. Posterior mente se desarrolla la idea de Un sacerdocio compasivo y Un sacerdocio mas humano como elementos básicos de la teología sacerdotal de Cristo presentada por el autor de la epístola. En cuanto a la primera idea el clímax de su argumentación se encuentra en que la compasión de Cristo no radica en su “ser igual a Dios” o su estatus de hijo del altísimo, sino en su semejanza a sus hermanos al haber estado al lado de sus hermanos viviendo sus mismas debilidades.
Sacerdocio de una alianza nueva. Para el autor la nueva alianza es una elaborada tesis del autor de la epístola con el propósito de entregar una religión mucho mas elaborada a aquellos ex judíos que extrañaban la firmeza y profundidad de su antigua religión comparada con la simpleza del evangelio. En primer lugar considero que considerar que el cristianismo era demasiado sencillo y necesito de alguien que encontrara una conexión tipológica con el ritual levítico para entregarle consistencia a la teología cristiana es, más que una herejía, un perfecto ejemplo de falta de visión y comprensión de la realidad. En segundo lugar, creo que la carencia del autor al no comprender todo el panorama más allá de lo evidente a través de los ojos del gran conflicto, se hace evidente a través de todo el trabajo, marcándose principalmente en esta ultima sección. Es esta falta de visión la que le impide ver plenamente la presencia de un santuario celestial y conectar todas las piezas que a ratos pareciera omitir voluntariamente opacando aquellos destellos de lucidez que resaltan intermitentemente en su razonamiento. Aquellos elementos básicos del plan se salvación (idea aparentemente desconocida para el autor) son presentados como inclusiones intencionales de parte de hombres carentes de la dirección divina, como un intento humano de hacer mas atractiva, humana y terapéutica la teología cristiana. Las conclusiones a las que llega el autor (aun cuando el autor omite el termino conclusiones prefiriendo catalogarlas como “consecuencias para la vida cristiana”) pueden sonar contradictorias a la liturgia ofrecida por la iglesia católica, puesto que nos muestra la inutilidad de los sacrificios y el libre acceso de los creyentes hasta el trono de la gracias para encontrar oportuno socorro, es difícil creer que el sacrificio de la misa y la falta de libertad (intercesores, Maria, sacerdotes de confesión, etc.) hacia el trono de la gracia por parte de la iglesia no resultara contradictorio para el autor. Tan contradictorio como suena para nosotros su falta de autocrítica como católico al analizar textos como “de una vez y para siempre” y al resaltar lo inútil de los sacrificios externos.
Finalmente compartimos plenamente con el autor la idea presenta da al final del trabajo, la presencia de Cristo en el corazón humano debe ser permanente y real, para que su obra sumo sacerdotal sea efectiva. 

Posted on miércoles, junio 24, 2015 by Miguel Victoriano G.

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08 abril, 2015

David Bosch, Misión en transformación: cambios de paradigma en la teología de la misión, Libros de desafío, 2000.

Este libro es una reflexión sobre la misión cristiana desde una perspectiva escéptico y no deriva sus reflexiones solo de las Escrituras.

David Bosch, profesor de misiones en Sudáfrica, toma su esquema interpretativa de Hans Küng, autor católico, quien ve más esperanza en enseñar ética que proclamar el evangelio de Jesús. Küng toma la idea de “cambio de paradigma” de Tomás Kuhn. Küng aplica su idea a toda la historia de la iglesia (1984) y Bosch lo aplica sólo a la historia de la misión cristiana (1991).

El libro de Bosch traza la historia de la misión cristiana. Él habla de seis paradigmática cambios en la manera en que se hace la misión.

Empieza con dos de los evangelios, Mateo y Lucas-Hechos. A este “paradigma” Bosch lo llama Apocalíptico. Este paradigma dura hasta por el año 200. La meta de la misión es de hacer discípulos.

De allí pasa a un modelo griego-patrístico que dura desde el año 250 hasta el año 400. La meta en este etapa es vida.

El tercer modelo es la de la iglesia católica medioevo que se consolidaba en el año 600 y dura hasta 1450. La meta era la expansión del cristiandad.

El cuarto paradigma es la reforma protestante y se extiende hasta el año 1750. La meta era la renovación.

El quinto paradigma es de las misiones modernas que empieza por 1750 y dura hasta 1950. La meta en este etapa era la salvación y una mejor vida.

El sexto paradigma empieza en 1950 y dura hasta el presente. Este periodo no tiene un nombre todavía. La meta actual es de hacer discípulos para una transformación social y espiritual.

Se ve donde Bosch representa la postura de los escépticos en cuanto a las escrituras, cuando no incluye los cuatro evangelios en su definición del evangelio. Sólo se base en libros “aceptables” por todas las corrientes escépticos. Esto reduce el evangelio a un mínimo.  También da la idea de que uno puede escoger lo que quiere del evangelio.

Hay dos presupuestos.  Uno es que Mateo, Lucas-Hecho y Pablo representan tres paradigmas de misión distintos. (78-79). Y el tratamiento de Pablo sólo es a partir de las cartas: Romanos, 1 y 2 Corintios, Gálatas, Filipenses, 1 Tesalonicenses y Filemón. Las otras seis cartas de Pablo están ignoradas por Bosch por no tener un consenso de que fuera Pablo su autor (160).

Otra presuposición es que el hombre esta progresando o mejorando con el tiempo. Esta ilusión esta de tras el desarrollo de todo el libro. Al contraste, la Biblia no presenta el hombre que se mejorar. Todos somos dignos de muerte. No alcanzamos mejorar en nuestra ética o en nuestra relación con Dios como raza.

Estas dos presuposiciones influyen todo el libro, porque dan el peso fuerte a la cultura y no a la revelación de Dios. También las metas de cada edad muestran que Bosch considera los cambios en la misión de la iglesia por la cultura, cuando debe haberlo mostrado cambios en la cultura por la influencia del evangelio. Pero el peso del argumento del libro es para mostrar como la cultura ha cambiado el evangelio.

La idea de Bosch que el cristianismo esta cambiando, esta el opuesto de la enseñanza del Pablo.  En Gálatas 1:8-9 dice que cualquier cambio en el evangelio es anatema o maldito. En 2 Timoteo Pablo indica que debemos “retener la norma de las sanas palabras que has oido de mí, ...” (2 Timoteo 1:13 NBLH). Y continua “Guarda, mediante el Espíritu Santo que habita en nosotros, el tesoro que te ha sido encomendado” (2 Timoteo 1:14 NBLH). Esto es como dice Jeremías, “Mi pueblo ha cometido un doble pecado, han abandonado la fuente de agua viva (el Dios de las Escrituras) y han cavado sus propias cisternas (inventado otras palabras)” (Jeremías 2:13).

Si Bosch tiene razón:
No tenemos un evangelio, sino muchos.
No tenemos una Biblia, sino muchas “escrituras”.
No tenemos un filtro para rechazar las nuevas (emergentes) ideas.
No tenemos una razón de rechazar a apóstoles contemporáneos  que no pueden dar testimonio de las enseñanzas de Jesús.
No tenemos un filtro para rechazar novedosas enseñanzas.
No tenemos la misión de proclamar el evangelio bíblico.

El libro de Bosch tiene valor en que muestra las presiones culturales que han estado presentes en la historia para moldear las prácticas, liturgias y enfoques de la misión. Muchas veces estas fuerzas no han sido evaluadas por las Escrituras pero han sido incorporadas a la iglesia.

La meta de la primera edad no ha cambiado.  Dios no ha cambiado.  El sigue con su gran comisión de hacer discípulos de todos las familias, enseñándoles a guardar todo lo que había mandado...(Mateo 28:16 a 20).

Posted on miércoles, abril 08, 2015 by Miguel Victoriano G.

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23 marzo, 2015


Porque la paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro. Romanos 6:23

Gracias a Dios que tú y yo no hemos nacido en un país que esté en guerra, no hemos tenido que vivir escondidos por los continuos bombardeos que amenacen destruir nuestra casa, o ver cómo nuestros familiares van muriendo día a día.
Sin embargo cada día por la televisión, somos testigos del sufrimiento de  miles de personas que enfrentan el dolor y hambre de la guerra, vemos a miles morir cada día por un misil que cayó en un lugar equivocado en el  Líbano o un coche bomba que destruyó un restorán en Israel, o una emboscada subversiva en Paquistán.  Incuso mucho más cerca que eso, vemos a familias separadas y niños heridos, padres desconsolados llorando frente al cadáver inerte de sus pequeños, preguntándose ¿qué culpa tenían ellos? Y frente a todo esto tu corazón se congoja y hasta puede salir de tu boca un “pobre gente” pero a los 5 minutos ya no los recuerdas, continúas con tu vida y todo ese dolor quedó atrás.
Gracias a Dios que tú y yo no estamos en medio de una de esas guerras, pero debo decirte algo, algo que si aún no sabes debes conocer. Tú y yo estamos en medio de una guerra. Sí, aunque no lo creas o no quieras creerlo, somos parte del conflicto más grande y antiguo que haya existido en el universo. Estoy hablando de la guerra entre el bien y el mal. Como en toda guerra hay lágrimas y sangre, pero esta guerra no es como todas, esta es “la madre de todas las guerras.” Las lágrimas y la sangre que son derramadas, son las de Jesús.
Esta guerra comenzó hace mucho pero mucho tiempo, antes de la creación de este mundo. Después de la guerra en el cielo, Satanás  y sus ángeles fueron arrojados con él. Satanás nunca se sintió verdaderamente arrepentido por lo que había hecho pero sí se asustó al ver los resultados de su rebelión hasta ese momento.

“Satanás se estremeció mientras contemplaba su obra. Estaba solo meditando sus planes pasados, presentes  y futuros. Su poderosa forma temblaba como si fuera sacudida por una tempestad. Un ángel del cielo pasó en ese momento. Lo llamó y le solicitó una entrevista con Cristo. Su petición fue concebida. Entonces le dijo al hijo de Dios que se había arrepentido de su rebelión y que deseaba gozar otra vez del favor de Dios”. Ahora noten lo siguiente: “Cristo lloró ante el pesar de Satanás, pero le dijo, al expresar la decisión de Dios, que nunca más podría ser recibido en el cielo, no se podía arriesgar la seguridad de éste.” (White, 1986)

Jesús lloró en el mismo comienzo del conflicto, al proyectar su mirada hacia el futuro.
Vio a Adán incapaz de obedecer a Dios, y a Caín que no soportó la justicia de su hermano, dándole muerte y también tratando de arrepentirse.
Vio el avance de la maldad en el mundo, los crímenes, la impiedad, el odio. Hasta que todos, excepto ocho personas, fueron destruidas por el diluvio.
Vio a los que sufrían la miseria de la esclavitud, y esperaban con ilusión al libertador para rechazarlo cuando al fin viniera.
Vio el Getsemaní, el calvario. Vio cuán pocos aceptarían su sacrificio y la fe pequeña de ese puñado de seguidores. Lloró por causa de la incredulidad, el pesar y el dolor. Vio a los mártires sufrir por su causa.
Te vio a ti y a mí, hoy, siendo parte de este conflicto, mientras tratamos de ignorarlo
Jesús lloró, pero también su sangre derramó, para que tú y yo podamos ser libres del pecado.
Tú puedes decidir ignorar esta guerra y pretender que nada sucede, pero la verdad es que sólo te estás engañando a ti mismo, es imposible ser neutral en este combate, ¿sabes por qué? La respuesta es esta: “El Campo de batalla está en tu mente y tu corazón”.
Cada día, a cada momento estamos bajo un fuerte bombardeo, sin tregua.
Pero no estamos solos, Jesús está aquí para luchar contigo. ¿ya lo aceptaste como tu salvador? Si no lo has hecho aún, ¿qué estas esperando? Cierra tus ojos ahora mismo y ábrele tu corazón a Jesús. Pídele que entre en tu vida y que su amor llene todo rincón de tu ser, y que su presencia esté contigo siempre, para que con su poder salgas victorioso de cada batalla.
¿Ya lo hiciste?, yo te estoy hablando enserio. Esto es más importante de lo que imaginas. No creo que sea bueno para ti salir a la calle desprotegido en medio de un bombardeo. No esperes más, cúbrete del escudo protector que sólo la presencia de Jesús en tu vida, te puede dar.

La vida, muerte y resurrección de cristo
Los Evangelios son, sin lugar a dudas, los libros más populares, queridos y leídos de toda la Biblia. Esto no se debe precisamente a la calidad de su escritura ni a la capacidad literaria de los autores, todo el atractivo que es posible encontrar en ellos radica únicamente en una persona: Jesús de Nazareth, aquel Verbo hecho carne que habitó entre nosotros (Juan 1:14).
La escritura nos menciona que es en Cristo en quien encontramos un puente conector entre la humanidad perdida y Dios. Como nuestro Salvador debía ser perfecto y santo, pero a la vez semejante en todo a sus hermanos2  (Heb 2:17); Pablo mismo desarrolla esta idea en Heb. 4:15 al decir:

“Porque no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino uno que ha sido tentado como nosotros, pero sin pecado.”

Esta sola declaración debería ser suficiente para eliminar el comentario común donde se menciona que “como Cristo era bueno (sin pecado- Dios) pudo vivir como lo hizo”. Pablo declara y enfatiza la capacidad de Cristo para entendernos en todas nuestras debilidades, la clave se encuentra en su Naturaleza humana, como el mismo Pablo lo establece, fue tentado en todo pero sin pecado.
A lo largo de su vida Cristo nos mostró como vivir una vida de perfecta dependencia con nuestro Padre Celestial asegurando de esta manera su derecho a ser nuestro salvador.
Las últimas horas de nuestro Señor antes de morir nos muestran al maestro viviendo plenamente su naturaleza humana y experimentando  una serie de sentimientos y emociones frente a la amenaza real de una muerte anunciada.
La hora había llegado (Mar 14:35; Juan 17:1) para Jesús, el momento en que debía cumplirse todo aquello que había sido anunciado por Moisés y los profetas era inminente. Frente a todo esto Jesús experimentó, como el hombre que era, temor hacia la muerte, angustia y aflicción de alma y espíritu, su espíritu de supervivencia natural le impedía aceptar que debía sufrir una muerta que no merecía por una humanidad que no valoraría dicho sacrificio.
La muerte de Cristo es una muerte sustitutoria puesto que nosotros somos los que deberíamos haber recibido la paga del pecado como consecuencia de nuestras acciones, pero Cristo murió en nuestro lugar para que nosotros pudiéramos tener vida, su muerte nos da la posibilidad de escoger. Antes del sacrificio de Cristo nosotros estábamos condenados a la muerte por el pecado del cual éramos prisioneros. La muerte de Cristo nos dio la libertad de escoger entre vivir en la libertad que nos da cristo o seguir esclavizados del pecado. Si bien Cristo murió por todas las personas de la tierra, para que todos pudieran tener la libertad de escoger, no todos  han escogido vivir en Cristo, muchos rechazando el sacrificio de Jesús han  escogido vivir bajo la esclavitud del pecado.
Quizás alguno pudiera pensar que en ellos el sacrificio de Jesús no tuvo ningún sentido pero la diferencia está en que gracias a Cristo y su muerte ellos se perderán por decisión propia, como un uso soberano de su voluntad y no como por una maldición de la cual no tuvieron posibilidad de escapar.
Si bien la muerte de cristo es la que paga el precio de nuestra salvación, es en su resurrección en donde la victoria sobre el pecado y la muerte   está asegurada. En la resurrección es cuando se declara la victoria del bien sobre el mal definitivamente y de esta manera se le da la sentencia de muerte al pecado.
Si pudiéramos ver a través del tiempo y entender el panorama general del conflicto cósmico, comprenderíamos lo importante y glorioso que fue ese día de la resurrección y el inmenso gozo con el que los seres celestiales celebraron el fin de aquella mancha que había amenazado la paz y armonía universal.

Posted on lunes, marzo 23, 2015 by Miguel Victoriano G.

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18 julio, 2014

Jesús nos cuenta sobre el principio de todo
Casi si tuviéramos que describir con una solo palabra nuestro planeta tierra, sin lugar a dudas esa palabra sería VIDA. Nuestro hermoso planeta rebosa de ella. Desde sus formas más pequeñas como un organismo unicelular, hasta aquellas sorprendentemente enormes, como una gigantesca secoya de más de 100 metros.
Cada día los científicos descubren nuevas variedades de vida que nos sorprenden por su diversidad y belleza. Entonces surge la pregunta: ¿Cómo, dónde y cuándo  se originó toda esta vida? En la Biblia encontramos la respuesta.
En el libro de Génesis encontramos la historia de la creación. Como para que no nos quede duda, el Señor se encargó de incluir dos relatos de ese magnífico evento.
El primero lo encontramos en Génesis 1:1-2:3 y nos relata en orden cronológico la creación de todas las cosas.
El segundo lo encontramos en Génesis 2:4-25 y le da el protagonismo al ser humano en la creación, no sigue un orden necesariamente cronológico, pero se ocupa de mostrar que todo lo creado sirvió para preparar un ambiente adecuado para el hombre.
Según el relato de Génesis 1:1-2:3, Dios creó todo lo qué existe en una semana literal de 7 días de 24 horas cada uno. Veamos que fue lo crea- do durante esa semana.
1er Día: La luz
2do Día: La expansión
3er Día: Tierra seca, los mares y las plantas
4to Día: El sol, la luna y las estrellas
5to Día: Animales de aire y agua
6to Día: Animales terrestres y el hombre
7mo Día: El sábado: lo reposó, lo bendijo y lo santificó
Existen muchas personas que rechazan la veracidad de este relato bíbli- co. Son personas que no cree en la autoridad de la Biblia ni en Dios.
No se puede pretender creer en la Biblia y no aceptar el relato de la creación, puesto que a lo largo de toda la escritura encontramos afirmaciones en cuanto a la veracidad de la creación.
Veamos algunas de las características de la creación registradas en la escritura:
1.  Cada día fue un periodo de 24 horas. (“y fue la tarde y la mañana”).
2.  La palabra creadora de Dios (Sal 33:6,9; Heb 11:3)
3.  Dios es responsable de su creación. El relato revela que Dios es un planificador cuidadoso que se preocupa por el bienestar de su creación.
4.  La creación revela la gloria de Dios (Sal 19.1-4).
5.  Dios, el creador no deseaba que la tierra fuese un planeta solitario y vacío; debía ser habitado (Isa 45:8).
¿Qué significa para nosotros aceptar el relato bíblico de la creación? Significa por lo menos 12 cosas:
1.  Significa, adorar al Dios que nos hizo, y no a los dioses que nosotros hemos hecho.
2.  Significa, el fundamento de la verdadera adoración
3.  Significa, reconocer el día sábado como monumento de la creación.
4.  Significa, la base de la verdadera estima propia (imagen de Dios).
5.  Significa la base del verdadero compañerismo.
6.  Significa, que Dios instituyó el matrimonio.
7.  Significa, responsabilidad por el ambiente.
8.  Significa, que el trabajo dignifica al hombre.
9.  Significa, que la ley de Dios es santa.
10. Significa, que lo que Dios hace es bueno.
11. Significa, que la humanidad fue destinada a gozar de una relación eterna con el creador.
12. Significa, que la vida es sagrada.
La naturaleza del hombre
Entonces dijo Dios: hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza... Y creo Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creo; varón y hembra los creo. (Gen 1:26-27)
¿Quien fue creado a la imagen de Dios? ¿El hombre o la mujer? La respuesta a esta pregunta determina toda nuestra comprensión en cuanto a la naturaleza del ser humano.
La Biblia nos enseña que ni el hombre ni la mujer por si solos repre- sentan la imagen de Dios, puesto que cuando Dios hizo al hombre (ser humano) lo hizo a su imagen (varón y mujer). Por esta razón la Biblia le da tanta importancia al matrimonio, puesto que bíblicamente al estar estar casado (una sola carne) el ser humano encuentra la plenitud.
Es importante aclarar que esta unidad entre el hombre y la mujer, de ningun modo anula su indibidualidad, cada uno tiene el poder y la libertad de pensar y actuar.
Cuando el ser humano salio de las manos de su creador era perfecto, no conocía el pecado. Pero al desobedecer entro el pecado y con él la muerte (Romanos 5:12)
Inevitablemente aparece la pregunta ¿Qué es el pecado? Podríamos encontrar una gran variedad de respuestas, pero básicamente, pode- mos decir que pecado es separarse de Dios. Todo lo demás (desobedecer la ley, apartarse de su voluntad etc.) son consecuencias o implicancias de la causa real que es romper nuestra comunión con Dios.
Se hace necesario diferenciar dos conceptos:
1.  Estado de pecado: se refiere al estado del ser humano separado de Dios, es cuando el hombre piensa que puede vivir desconectado de la fuente de poder que es Cristo. (Puede que aun no se manifieste una vida pecaminosa e incluso exista apariencia de piedad.)
2.  Actos de pecado: se refiere a la materialización del pecado, es la consecuencia natural de una vida separada de Cristo. Es lo que comúnmente denominamos pecado. Todas aquellas acciones y actitu- des que sabemos estan mal. Ej: mentir, robar, engañar, sobornar, el egoismo, la envidia etc.
No somos pecadores porque mentimos, sino que mentimos porque somos pecadores. La mentira o cualquier acto de pecado es la consecuencia de un estado de pecado (separación de Dios).
Muchos cristianos derrochan muchas energías en dejar de pecar, atacando el efecto y no la causa. Es como tratar de matar un árbol cortándole las hojas. El verdadero problema no esta en las acciones de pecado sino en nuestro estado de separación de Dios.
Si invirtiéramos la mitad de las energías que utilizamos para no pecar en mantenernos unidos a Cristo, tendríamos muchísimos más resultados en nuestra vida.
Como ya vimos lo que el pecado hace es separarnos de Dios aparece la muerte. La muerte no es un castigo de Dios por el pecado, sino una consecuencia.
¿Cómo que la muerte no es el castigo por el pecado? ¿Acaso no dice la Biblia que la muerte es la forma como debemos pagar por nuestro pecado?
Si el pecado nos separa de Dios, y nosotros no tenemos vida en nosotros mismos sino que nuestra vida depende de Dios, entonces el pecado produce la muerte, puesto que nos separa de Dios la fuente de vida. Entonces la manera correcta de entender el texto de Romanos 6:23 seria:
La paga del pecado es muerte (la manera como el pecado premia a los pecadores es matándolos), mas la dadiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús señor nuestro (por el contrario el regalo que Dios ofrece a aquellos que aceptan a Jesús es la vida eterna).
En el plan de Dios para el ser humano no estaba considerada la muerte. No es que Dios nos hiciera inmortales, puesto que la Biblia nos muestra que Adán y Eva debían estar comiendo continuamente del árbol de la vida. Dios les dio ese árbol para representar la dependencia que debe existir, solo hay vida al estar unido a la fuente de vida. Jesús explico claramente esta idea en Juan 15 al hablar de la vid  verdadera y como es imposible que las ramas puedan vivir separadas del tronco.
Pero como ya vimos es el pecado el que nos separa de Dios y por lo tanto produce la muerte. ¿Pero que ocurre cuando el hombre muere? o ¿a dónde vamos? Pero para entender lo que es la muerte, primero debemos comprender que es la vida.
En Génesis 2:7 encontramos lo que es la vida: “Entonces Dios el Señor modeló al hombre del polvo de la tierra. Sopló en su nariz aliento de vida y el hombre llegó a ser un ser viviente” es decir:
Polvo de la tierra (cuerpo) + Aliento de vida (espíritu) = Ser viviente (alma viviente) Usaremos la ilustración del bombillo par entenderlo mejor.
Bombillo (parte física) + Energía eléctrica (parte vital) = Luz (Ser Racional)
Así como la unión del bombillo con la energía produce la luz y en el momento en que estos dos se separan, la luz deja de existir, así también la vida simplemente es la unión de la parte física, que es el cuerpo, más el soplo de vida y da como resultado un ser vivo, pensante y racional, y que cuando estos dos elementos se separan, es decir en la muerte, el alma también perece.
¿Enseña la Biblia la creencia popular de la inmortalidad del alma?
La respuesta es: en ninguna parte, por el contrario la Biblia es clara en señalaren Ezequiel 18:4 que “...el alma que pecare, esa morirá”. Además el Salmo 104:29 dice: “...Si les quitas el aliento, dejan de ser, y vuelven al polvo” (la cursiva es añadida). El pasaje es claro al afirmar que al morir la persona “deja de ser” es decir que el alma deja de existir.
También Eclesiastés 12:7 es claro al decir: “y el polvo vuelva a la tierra de donde vino, y el aliento de vida vuelva a Dios que lo dio”. Ahora surge la pregunta ¿cuál es ese aliento de vida que vuelve a Dios?
Muchos confunden el aliento de vida con algún ente pensante, alguna especie de ser, algo de nosotros mismo. En Eclesiastes 3:19-20 encontramos que el mismo espíritu (aliento de vida) tiene el hombre y los animales. Aquí claramente no se refiere a nues- tros pensamientos o nosotros mismos de manera espiritual.
El aliento de vida es la fuerza vital que solo puede dar aquel que es la vida (Juan 14:6) Todo lo que vive, desde el organismo unicelular mas simple hasta el mismo ser humano tiene vida porque Dios se la a dado. Si el ser humano es el resultado de:
Polvo de la tierra + aliento de vida = Alma viviente
Al separarse los componentes, desaparece el producto.
El texto simplemente describe la acción inversa al proceso creativo. El polvo vino de la tierra (vuelve a la tierra) y la vida vino de Dios (vuelve a Dios). No son tus pensamientos, ni sentimientos ni nada de eso puesto que al morir el ser ya no existe.
Claramente es imposible que durante la muerte haya tipo alguno de conciencia, pues esto contradice claramente lo que la Biblia enseña en Eclesiastés 9:5 y 10 donde dice: “porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben, ni tienen más paga; porque su memoria es puesta en el olvido”. Y también enseña que cuando una persona muere, ese día perecen sus pensamientos. (Salmos 146:4).
El proceso de redención que Cristo desea realizar en nuestra vida, no es otra cosa sino la restauración de la imagen de Dios en nuestra vida, aquella imagen que a sido degenerada por causa del pecado.
El hombre fue echo como un ser   biosocisicoespiritual, como es imposible separar estas dimensiones del ser, el pecado las afecto todas, puesto que afecto la totalidad del ser. No solo su dimensión espiritual, sino que sus dimensiones mentales, su capacidad de sociabilizar y por supuesto su parte física.
Es por esto que el proceso de redención de cristo en nuestra vida, no se limita solamente a cambiar nuestras creencias o prácticas religiosas, sino que apunta transformar el ser entero, cambiar por completo nuestro estilo de vida incluyendo nuestros hábitos de higiene y alimentación.
El hombre y la mujer fueron hechos en la imagen de Dios con individualidad, y el poder y la libertad de pensar y actuar. Aunque creados seres libres, cada uno es una unidad inseparable del cuerpo, la mente, y el alma, dependiendo sobre Dios para vida el suspiro y toda otra cosa. Cuando nuestros primeros padres desobedecieron a Dios, ellos negaron su dependencia sobre Él y cayeron de su alta posición bajo Dios. La imagen de Dios en ellos fue desfigurada y ellos fueron sujetos a la muerte. Su descendencia sufre también de su naturaleza caída y de sus consecuencias. Ellos son nacidos con debilidades y con tendencias al mal. Pero Dios en Cristo reconcilia al mundo a Él mismo y por medio de Su Espíritu restaura en los penitentes mortales la ima- gen de su Creador. Creados para la gloria de Dios, ellos son llamados a amarle a Él y a unos a otros cuidando también de su ambiente.
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1     Gluder Quispe. Grandes temas de la Biblia (Ñaña, Lima: Editorial Imprenta Unión. 2002), 53
2     Asociación General de la IASD. Creencias de los Adventistas del Séptimo Día 1: 84-86.


Posted on viernes, julio 18, 2014 by Miguel Victoriano G.

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